

La idea
Diseñamos un concepto audaz: “Un árbol que florece en píxeles.”
Propusimos reemplazar la típica estructura central por una instalación de pantallas que simulara movimiento y crecimiento.
Y como resultado tendríamos un stand que no solo mostraría flores, sino las haría vivir en físico y digital.
La ejecución
El montaje fue un ballet técnico y floral.
Mientras el equipo de floristas acomodaba cada crisantemo con una precisión casi ritual, nosotros dábamos forma a un árbol digital que latía en colores.
Hubo que improvisar sin salirse del plan, resolver diferencias de estructuras metálicas en vivo, y coordinar tiempos como si armáramos un show de teatro.


Cada pieza tuvo su razón. Cada segundo, su presión.
Y al final, todo encajó: como las raíces que no se ven, pero sostienen la belleza.
Resultados
El stand fue uno de los más visitados y fotografiados del evento, la gente no pasaba de largo. Se quedaba. Miraba. Preguntaba.
El stand se convirtió en un punto de encuentro, un espacio donde la innovación no compitió con las flores: las potenció.
Deliflor se mostró al mundo como lo que es: una marca que no solo cultiva flores, sino experiencias.
Y lo mejor: la confianza sembrada floreció en nuevos proyectos en EE. UU., en su finca y en lo que viene.



