El avión aterrizó en Buenos Aires, pero el alma del stand venía por tierra. En una mochila tejida a mano, una artesana nativa del Perú cargaba mucho más que piezas: traía una historia viva, una identidad milenaria y un desafío monumental.
Así comenzó uno de los proyectos más emocionantes que hemos construido en Diper. No solo porque involucraba cruzar fronteras, sino porque nos enfrentaba al reto de transformar un espacio de feria en una experiencia cargada de verdad.

El reto
PROMPERÚ quería presencia. Nosotros propusimos presencia con propósito.
Porque mostrar una marca es fácil. Hacer que se sienta, que conecte y que represente con dignidad una identidad cultural, es otra cosa.
La oportunidad era única: trasladar a una artesana desde su comunidad nativa en la selva peruana hasta una de las ferias más importantes del turismo internacional. Pero no bastaba con llevarla. Había que crear un espacio que estuviera a su altura. Uno que no expusiera productos, sino que narrara su mundo.
La idea
Diseñamos un concepto donde el stand dejara de ser un contenedor para convertirse en una plataforma viva de cultura.
Nada de vitrinas. Nada de simulacros. En el centro del espacio, ella: tejiendo, hablando, respirando Perú.
Un diseño abierto, sensible, acogedor. Construido con materiales que evocaban su territorio, con circulación pensada para el encuentro y el asombro. Cada rincón fue diseñado para darle protagonismo a lo humano, a lo real.


Nuestra solución
- Coordinamos el traslado integral de la artesana, desde su comunidad nativa hasta el corazón de Buenos Aires, superando trámites, aduanas y barreras culturales.
- Concebimos y construimos un espacio abierto y vivo, donde pudiera trabajar frente al público, generando conexión emocional inmediata.
- Integramos su presencia con experiencias multisensoriales: clases magistrales de pisco y café, gastronomía en vivo, muestras culturales.
- Asumimos la producción completa del evento, del diseño a la ejecución, del montaje al desmontaje, incluyendo el acompañamiento humano que garantizó que la artesana regresara sana y feliz a su comunidad.
El resultado
La gente no pasaba: se detenía. Preguntaba. Se emocionaba.


En medio de pantallas táctiles, apps turísticas y fotos impresas, el stand de Perú brilló por lo que no podía digitalizarse: lo humano.
Durante cuatro días, cientos de visitantes se llevaron algo más que folletos:
Se llevaron una historia. Un gesto. Un momento de verdad.
Una mujer, sentada en su espacio, haciendo arte con las manos… y con el alma.